Vicente Amigo
Paseo de Gracia
Un carismático aura de incorporeidad envuelve a Vicente Amigo. Su mirada parece estar queriendo siempre perderse en el más allá. Su guitarra es un continuo incitar a la imaginación. La música de Vicente se baila con el espíritu hecho carne. Es ancha, se extiende a lo largo de los compases y resuelve en el infinito. Incitante para los entendedores y de asunción inmediata para todos los oídos. A ese hermoso dominio de su mágica sonata se une el donaire personal, que en escena provoca embeleso, ahí están sus poderes de sultán cordobés a la conquista del mundo.

Ningún otro movimiento le hace sombra ni por el éxito ni por la distinción de traer lo más actual del flamenco 